¡¡¡Gooooool!!!
¿De quién, de quién? pregunté en un instante de obvia estupidez. Pero la ingenuidad se esfumó con el segundo y los otros tres cambiaron de un solo porrazo mi percepción de tan vanagloriado deporte. Y es que el partido Perú-Colombia es una cachetada que dolió hasta al más apático.
Recuerdo que esa tarde estaba aburrido en mi sala cuando comenzó el juego. Mi padre arremetió contra todos y se instaló frente al televisor junto a mi hermano, colonizando así la que llamaría después la sede de la decepción. Ya que el aburrimiento del día lo merecía, fui a recostarme en mi cama y echar un ojo de vez en cuando al partido.
Un tal Luis Gabriel Rey remató un tiro libre y abrió la penosa cuenta a los 29 minutos. El volante de un equipo que no era el nuestro aumentó la marca a los 55; Juan Pablo Ángel, como algo que merece un hombre de tan sacro nombre, logró el tercero a los 58; el cuarto llegó a los 75 y Edixon Perea, al que deben gustarle los goles en serie, cerró de cabeza a los 78.
A simple vista, sin recurrir a la poca matemática que aprendí en el colegio, llegamos a los 3 míseros minutos de diferencia entre vergüenza y vergüenza. Tomando en cuenta las --- que mide la cancha de fútbol, 3 minutos es lo que demora ir de un lado al otro. Sin duda el único esfuerzo que tuvo que hacer Colombia fue trotar.
Ante 9 000 espectadores en el Estadio Metropolitano de Barranquilla y ante el resto de miles que perdimos el tiempo frente al televisor o la radio, el equipo peruano derramó sangre, tanta que pareciera haber teñido por si sola el uniforme de la selección.
A la mañana siguiente, los “Colombia aplastó 5-0 a Perú en Barranquilla” y “Colombia no tuvo la menor piedad” adornaron a modo de bandera la prensa colombiana. Radio Caracol, Antena 2 y El Universal fueron algunos de los orgullosos responsables de la sutileza. Pero no se podía esperar otra cosa, debemos esconder las cabezas cual avestruces.
Pero no hay peor ciego que el estúpido. Aún así, con un aplastón de cucaracha, algunos repiten, como si hubieran despojado de significado las palabras: “¡Si se puede!”. Pero ya ni siquiera los trillados ‘números’ a los que tanto recurren los comentaristas deportivos nos pueden hacer el milagrito.
Un tal Luis Gabriel Rey remató un tiro libre y abrió la penosa cuenta a los 29 minutos. El volante de un equipo que no era el nuestro aumentó la marca a los 55; Juan Pablo Ángel, como algo que merece un hombre de tan sacro nombre, logró el tercero a los 58; el cuarto llegó a los 75 y Edixon Perea, al que deben gustarle los goles en serie, cerró de cabeza a los 78.
A simple vista, sin recurrir a la poca matemática que aprendí en el colegio, llegamos a los 3 míseros minutos de diferencia entre vergüenza y vergüenza. Tomando en cuenta las --- que mide la cancha de fútbol, 3 minutos es lo que demora ir de un lado al otro. Sin duda el único esfuerzo que tuvo que hacer Colombia fue trotar.
Ante 9 000 espectadores en el Estadio Metropolitano de Barranquilla y ante el resto de miles que perdimos el tiempo frente al televisor o la radio, el equipo peruano derramó sangre, tanta que pareciera haber teñido por si sola el uniforme de la selección.
A la mañana siguiente, los “Colombia aplastó 5-0 a Perú en Barranquilla” y “Colombia no tuvo la menor piedad” adornaron a modo de bandera la prensa colombiana. Radio Caracol, Antena 2 y El Universal fueron algunos de los orgullosos responsables de la sutileza. Pero no se podía esperar otra cosa, debemos esconder las cabezas cual avestruces.
Pero no hay peor ciego que el estúpido. Aún así, con un aplastón de cucaracha, algunos repiten, como si hubieran despojado de significado las palabras: “¡Si se puede!”. Pero ya ni siquiera los trillados ‘números’ a los que tanto recurren los comentaristas deportivos nos pueden hacer el milagrito.
Uruguay cerró la cortina del teatro con un empate que por lo menos nos dejó un sabor a nada.
Con una sensación extraña en el estómago, afirmo que el fútbol en el Perú no es más que una mediocridad pública, por lo menos hasta que preguntar de quién fue el gol deje de sonar a payasada.
Con una sensación extraña en el estómago, afirmo que el fútbol en el Perú no es más que una mediocridad pública, por lo menos hasta que preguntar de quién fue el gol deje de sonar a payasada.
Rbn's
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3 Comments:
La derrota de Perú vuelve a confirmarnos como "LOS HOMBRES DE ACERO", cinco a cero, seis a cero, siete a cero, qué más da... si hace tiempo que el futbol peruano dejó de existir como alternativa...
muy bueno...me gusto mucho... vi el partido y de verdad que las esperanzas que habia puesto en el se convirtieron en decepcion al poco tiempo...
ajajajajaja!!!!no sé porque tenemos la costumbre de crearnos tantas espectativas ante nuestro equipo...
Me encantó la perspectiva y por supuesto la ironía del redactor.
Catherine
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