
Dicen que si viene de Hollywood es basura. No los culpo, es difícil sacarse tantos 'American Pie' de la cabeza; pero las películas de Spielberg siempre fueron excepción. Ojo, excepción, no me atrevería a llamarlas del 'buen cine'. Aunque debo reconocerlo, con 'The War of the Worlds', digamos que estuve 'a cinco minutos'.
Con la promocionada y tan esperada película había que tomarse las cosas en serio. No bastó ceñirse a la obra que H. G. Wells escribió hace un siglo, era necesario aprender del poder sugestivo de la radio. Así, el renombrado director se apoderó del guión original-el último que queda-del programa con el que Orson Welles generó pánico en 1938.

Para leer el guión de Orson Welles: http://members.aol.com/jeff1070/script.html
Tentado bajo el mismo pecado, Steven Spielberg se aventuró a repetir lo que Byron Haskin hizo por primera vez en el ‘53, llevar el horror a la pantalla. Y con 350 millones de dólares de presupuesto, cualquiera cumple sus deseos.
Felizmente la película escapa al homérico arquetipo que ideó Will Smith ('the negro in black') con ‘Independence Day'. Para esto, John Friedman y David Koepp, los guionistas, serían los encargados de convertir lo absurdo en probable y en contadas ocasiones, en verosímil. 
Pero los prejuicios iban a la cabeza. Muchos creyeron que Cruise convertiría la película en la versión alienígena de 'Mision Imposible'. Pero, ¿porqué no tenerle fe al pobre Tom? Si Spielberg sacó algo bueno de Di Caprio en 'Catch me if you can', Cruise es pan comido.
El secreto está en olvidarse de los héroes. El personaje de 'Ray Ferrier' (Cruise) es cotidiano: nada mejor que un pésimo padre. Es igual de vulnerable e insignificante que el resto de personajes, y como todos, lo único que puede hacer es correr.
En cuanto a la actuación, fuera de caras bonitas a los 40, Tom Cruise reafirma su lugar en Hollywood. Con 4 billones de dólares bajo el colchón, Cruise debió entender que la buena actuación es inversión rentable y como práctica sus 30 películas (entre actuación y producción) han sido suficiente.
Ni siquiera es necesario calificar a Dakota Fanning interpretando a 'Rachel' (un nombre demasiado popular en la pantalla) la hija menor de Ray. Sin duda, esta niña de once años ha convertido los gritos de terror en un arte envidiable.
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El personaje de ‘Robbie’, el hijo mayor de Ray, lo interpretó Justin Chatwin. Una ordinaria actuación para un tonto personaje que parecía tener sentido en alguno de los momentos cruciales de la cinta pero que muerto habría hecho un inmenso favor a Spielberg.
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Ahora bien, el ambiente creado sí es un éxito. El miedo se presenta en todas las manifestaciones que la naturaleza humana puede darle. Y es que la historia lo amerita, esta vez no se trata de bondadosos visitantes del espacio. Los 'E.T.' quedaron atrás, éstos no quieren regresar a casa, quieren quedarse con la nuestra.
Pero la trama se concentra en el hombre enfrentado al desastre. Por supuesto, los ‘lobos’ que describe Hobbes nunca faltaron. Uno se convierte en testigo de lo más ruin de la naturaleza humana.
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Fuego por doquier, gente corriendo y muchos gritos; Spielberg lo relacionó de inmediato e incluyó una incómoda, pero lógica, mención al terrorismo. Quién se iba a imaginar que el ataque viniera de otro planeta cuando la misma humanidad se destruye por sí sola.
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Los efectos visuales, los movimientos de cámara (acertados 'over shoulder') la fotografía, la textura del color y el sonido son magistrales. Organizados teatralmente para generar la sensación correcta en el momento justo, es un trabajo que merece reconocimiento para haber sido realizado en 72 días de rodaje. ‘Espero que Paris Hilton y The House of Wax no le quiten el Oscar'.
Sentado en la butaca del cine o frente al reproductor de vcd en su casa, el espectador acumula cada vez más preguntas en su cabeza; desde las meticulosamente sugeridas por el afamado director, hasta aquellas que deseara nunca haber planteado: ¿porqué la camioneta está intacta, si acaba de caer un avión al lado? .
No olvidemos tampoco cuando Spielberg-quizá influenciado por la producción de Cruise-se va por la tangente y nos hace pensar por varios segundos que estamos viendo 'Saving Private Ryan' o alguna otra épica película en la que EEUU despliega su apoteósica fuerza armada.
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Otras torpezas se presentan cada 11 minutos, pero tras la blasfemia que se avecina, son pecados veniales que se pasan de largo.
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Luego de la brillante idea de abordar una catástrofe universal desde la perspectiva de un solo individuo, de agotarnos-lo que agradecemos-de espectacular emoción y mezclar la correcta dosis de terror, suspenso, drama y ciencia-ficción; a Spielberg se le secó el cerebro. No hay otra explicación. El esperanzador viaje de New Jersey a Boston se vuelve la más absurda salvación de la historia del cine. Pareciera que se hubieran perdido 10 minutos de la cinta-Steven, ¿buscaste bajo la cama?. El salto narrativo es increíble.
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En 'Catch Me If You Can', mezcló un buen argumento, una espectacularidad comercial adecuada y un típico-pero que nadie le perdonaría no haber colocado- final feliz. En 'The War of the Worlds' era obvio que la fórmula no se podía repetir. De qué vale engañar al público con los más sofisticados efectos especiales, si le das un final que ni el más idiota se tragaría.
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En fin, los últimos cinco minutos de la película-un incoherente, forzadísimo y nauseabundo desenlace- nos hacen recordar que 'errar es humano'. Quizá esa haya sido la intención del multimillonario director: sacarnos de nuestra soberbia humanidad y abrirnos los ojos ante la posibilidad de que existan, a lo largo y ancho del universo, razas superiores, más inteligentes y por supuesto-Spielberg lo reafirma- que sepan hacer mejores películas que nosotros. 'Ahora entiendo'.